martes, 19 de enero de 2016

La lírica modernista hispánica (V): La poesía entre el Decadentismo y el Expresionismo.

La actitud de rebeldía de los jóvenes modernistas provocó desde comienzos de este movimiento numerosos poemas de exaltación de conductas antisociales, escritos con una estética feísta. El Decadentismo, como ya vimos, es una tendencia que consiste en escandalizar a la burguesía con temas desagradables, prohibidos o morbosos. 

Se hace frecuente en el Modernismo la poesía que trata el tema de la vida bohemia, es decir, la vida al margen de las reglas sociales en la que se vuelven frecuentes el alcoholismo, el consumo de drogas o las relaciones con el mundo de la prostitución y la delincuencia. Esto da lugar a unas obras líricas, parecidas a otras que hemos visto en el Romanticismo, que insisten en lo macabro, lo siniestro y lo deprimente. Ejemplos de ello son libros como Luchas o La copa del rey de Thule de Francisco Villaespesa, Ninfeas y Almas de violeta del jovencísimo Juan Ramón Jiménez y Románticas o El caballero de la muerte de Emilio Carrere, poeta conocido en su época como "príncipe de la bohemia".


Francisco Villaespesa
  Este soneto de Villaespesa, titulado "Histérica", es típico del Decadentismo. En él se retrata a una mujer fatal en toda regla: una cortesana perversa y sadomasoquista que vive en la antigua Roma de las bacanales y los sangrientos combates de gladiadores.




Enferma de nostalgias, la ardiente cortesana,
al rojizo crepúsculo que incendia el aposento,
su anhelo lanza al aire, como un halcón hambriento,
tras la ideal paloma de una Thule lejana.

Sueña con las ergástulas de la Roma pagana;
cruzar desnuda el Coso, la cabellera al viento,
y embriagarse de amores en el Circo sangriento
con el vino purpúreo de la vendimia humana.

Sueña... Un león celoso veloz salta a la arena,
ensangrentando el oro de su rubia melena.
Abre las rojas fauces... A la bacante mira,

salta sobre sus pechos, a su cuerpo se abraza...
¡Y ella, mientras la fiera sus carnes despedaza,
los párpados entorna y sonriendo expira!
Emilio Carrere, príncipe de la bohemia madrileña
 "Flor de bohemia" es un soneto en el que Carrere exalta la vida bohemia, pobre pero digna.
Aunque es el mundo un viejo hospital de incurables
la vida en nuestro idilio fue dulce y oportuna,
y así, unidos en lánguidos besos interminables
íbamos por los parques, en los claros de luna.

Y en las horas floridas de sentimentalismo,
pusimos áureos sueños de amor, sobre las plagas
del Dolor, la Miseria y la Muerte, lo mismo
que un leproso que pone rosas sobre sus llagas.

Nuestros amigos eran los clásicos buscones,
los tristes vagabundos, los poetas hampones,
las rameras que llevan risa y beso en la boca

y son cual la alegría que pasa. Y en aquella
corte de los Milagros, mi pobre Risa Loca,
con su carita pálida, parecía una estrella.
El mexicano Salvador Díaz Mirón.
En México, Salvador Díaz Mirón escribe Lascas a partir de su encarcelamiento por haber asesinado a un rival político. Aunque sus versos tiene el lujoso estilo del Parnasianismo, se trata de una poesía pesimista obsesionada con la noche, la prisión y la muerte. El erotismo y el deseo de morir se funden y confunden frecuentemente. A menudo la belleza de la escritura acaba volviéndose fea y grotesca, debido a su deseo de hablar de las realidades más degradantes y desagradables como hacen los decadentistas.


Este poema de Díaz Mirón se titula "El muerto". En él sigue fielmente el principio decadentista de crear arte a partir de lo desagradable y macabro, retratando a un cadáver con el mismo lujo de detalles con que los parnasianos describían obras de arte.
Como tronco en montaña venido al suelo.
Frente grandiosa y limpia, soberbia y pura.
Negras y unidas cejas, con la figura
del trazo curvo y fino que marca el vuelo.

De un pájaro en un croquis que apunta un cielo.
Nariz igual a un pico de halcón albura
de canas. ¡El abeto, ya sin verdura,
dio en tierra y está en parte cinto de hielo!

El ojo mal cerrado tiene abertura
que muestra un hosco y vítreo claror de duelo,
un lustre de agua en pozo yerta en su hondura.

Moscas espanto y quito con el pañuelo;
y en la faz del cadáver sombra insegura
flota esbozando un cóndor al par que un velo.
Un caso especial de poesía decadentista lo constituye Manuel Machado. Casi a finales del Modernismo, en 1909, publica El mal poema, libro en el que muestra un estilo deliberadamente vulgar, atento a lo más repulsivo y feo de la gran ciudad. Se trata de una poesía sobre lo monstruoso y lo perverso, acompañada de una actitud cínica e irónica, que se resigna a cantar lo cotidiano y lo vulgar. Con estos poemas, Manuel Machado hace que la poesía decadentista española dé el paso hacia el Expresionismo.
Manuel Machado titula a este poema "chouette" ("Lechuza" en francés). Habla en tono irónico de la hipocresía de los burgueses, que llevaban una doble vida teniendo como amantes a prostitutas que debían vivir marginadas en el mundo de la noche como las lechuzas.
En cualquier parte hay un espejo,
un poco de agua clara y un peine. Y si la nena
es bonita, ¡ya esta! La noche pasa,
y el nuevo día llega.
Y no se te conoce
la batalla de amor ni a ti ni a ella.

Y luego, son dos vidas
separadas, ajenas,
dos mundos. Tú, al trabajo
cotidiano, a la eterna
lucha, pequeña o grande, cosas de hombre
archisabidas... Ella,
a dormir y a esperar la noche. Y viene
la noche, y la despierta.
Finalmente, hay que mencionar a Ramón del Valle-Inclán, que escribió tres libros de poesía. El primero, Aromas de leyenda, se puede considerar prerrafaelista, pero el segundo (El pasajero) refleja la fascinación de los decadentistas por las ciencias ocultas y la brujería. Por último, en La pipa de kif cambia totalmente de estilo y elabora un poemario completamente expresionista, con un lenguaje y unas imágenes distorsionadas y grotescas y un humor cínico similares a los que aparecen en su teatro esperpéntico. 


Ramón del Valle-Inclán.

Este es un fragmento del poema que da nombre a La pipa de kif de Valle-Inclán. En él se hace una alabanza a la marihuana en un tono humorístico. La alabanza es tan exagerada (llega a santificar la marihuana al identificarla con elementos sagrados de todas las religiones) que el resultado resulta grotesco, como en el Expresionismo. 
¡Verdes venenos! ¡Yerbas letales
de paraísos artificiales!

A todos vence la marihuana
que da la ciencia del Ramayana.

¡Oh marihuana, verde neumónica,
cannabis índica et babilónica!

Abres el sésamo de la alegría,
cáñamo verde, kif de Turquía

Yerba del viejo de la Montaña,
el Santo Oficio te halló en España.

Yerba que inicias a los fakires,
llenas de goces y Dies Ires.

¡Verde esmeralda – loa el poeta
persa – tu verde vistió el profeta!

(Kif – yerba verde del persa – es
el achisino bhang bengalés.

Charas que fuma sobre el diván,
entre odaliscas, el Gran Sultán) 

La lírica modernista (IV): La poesía regeneracionista y mundonovista.

Los poetas del Modernismo supieron compaginar perfectamente el subjetivismo extremo de la poesía simbolista, centrada en expresar mediante símbolos y sugerencias las angustias y emociones más íntimas del poeta, con otro tipo de poesía que miraba hacia la realidad social. Los poetas modernistas no solo se interesaron por mundos exóticos y lejanos, sino que también se preocuparon por los problemas del pueblo español y americano y trataron de escribir una poesía más clara y fácil de entender. 

En América, el movimiento político de indignación contra el imperialismo norteamericano y de reivindicación de la identidad latinoamericana se llamó Mundonovismo. El mejor ejemplo de esto es el nicaragüense Rubén Darío, el mejor parnasiano en lengua española pero a la vez el primer poeta que, en su libro Cantos de vida y esperanza, alza la voz contra el imperialismo de Estados Unidos y sus planes de someter económicamente a toda América Latina en poemas como la oda "A Roosevelt". En este libro aparece un tema nuevo (la comunidad hispánica y su destino común) y también unas formas nuevas, alejadas de la delicadeza parnasiana o de la musicalidad simbolista: el lenguaje se hace a veces vulgar como en el habla cotidiana y el tono es irónico e incluso sarcástico. 

Sin embargo, mucho antes de Darío ya había escrito el cubano José Martí sus Versos libres. Es un libro con interesantes renovaciones métricas y símbolos que expresan inquietudes espirituales, pero a la vez confiesa en él sus principios éticos y políticos y su deseo de que Cuba sea libre del dominio español y estadounidense. 

En Perú, José Santos Chocano fue un poeta de enorme éxito por todo el continente americano debido a sus obras mundonovistas como Alma América, en la que canta de una forma exuberante los temas indígenas, el paisaje, la flora, la fauna y las leyendas de América Latina. 
El peruano José Santos Chocano.
En el soneto "Las selvas", Santos Chocano desea reflejar la realidad exótica americana en la poesía del momento, con la intención de reivindicar su tierra frente a la cultura europea y norteamericana.
Cada selva en su pompa de rumores,
Sobre la ostentación de los follajes,
Copia el frufrú de los sedosos trajes
Y en la seda después pinta sus flores.

Luce insectos de gasa brilladores,
Pájaros de vivísimos plumajes,
Fieras dignas de verse en los paisajes
De una artística alfombra de colores.

La selva tropical que por frondosa
Finge la cabellera de una hermosa,
de día, entre penumbras se recata;

y, de noche, sujeta su peinado
con un fulgor de luna, atravesado
como si fuese un alfiler de plata…

Como ya hemos visto, este mismo movimiento en España fue llamado con el nombre de Regeneracionismo, y afectó igualmente al género lírico. La poesía regeneracionista aprovechó la tendencia a describir paisajes que ya había iniciado el Simbolismo, pero en este caso los paisajes no servirán ya para expresar estados de ánimo del poeta, sino reflexionar sobre la realidad social de las regiones españolas. El más importante poeta regeneracionista fue Antonio Machado gracias a la composición de su libro Campos de Castilla, en el que sacrifica la expresión oscura y el pensamiento complejo del Simbolismo por una expresión clara de un ideal ético y político de regeneración de la sociedad española. El paisaje castellano, pobre y seco, se corresponde con las gentes castellanas, que viven en la pobreza y el atraso desde hace siglos. También se incluyen en Campos de Castilla algunas sátiras que critican el caciquismo de los políticos y el tradicionalismo. 

Antonio Machado.
Este es un fragmento del poema "Campos de Soria", perteneciente a Campos de Castilla.

¡Las figuras del campo sobre el cielo!
Dos lentos bueyes aran
en un alcor, cuando el otoño empieza,
y entre las negras testas doblegadas
bajo el pesado yugo,
pende un cesto de juncos y retama,
que es la cuna de un niño;
y tras la yunta marcha
un hombre que se inclina hacia la tierra,
y una mujer que en las abiertas zanjas
arroja la semilla.
Bajo una nube de carmín y llama,
en el oro fluido y verdinoso
del poniente las sombras se agigantan.

La lírica modernista hispánica (III): La poesía simbolista.

La mejor poesía del Modernismo tanto en España como en América pertenece a la corriente simbolista: esto se debe a que en el mundo hispánico contábamos no solo con la inspiración de los simbolistas franceses, sino también con la de Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro, quienes con su obra se adelantaron al Simbolismo. Los más importantes poetas modernistas aspiran a explorar el "reino interior" de su alma, el inconsciente, el lado oscuro y desconocido de las cosas. Sus poemas tienden a transformar las descripciones de objetos en lugares en símbolos de estados de ánimo del poeta. 

En España, los dos libros más claramente simbolistas fueron escritos por los hermanos Machado. El primero de ellos es Alma de Manuel Machado, en el que encontramos los más famosos poemas simbolistas españoles junto a otros más cercanos al Parnasianismo o al Prerrafaelismo. El otro libro es Soledades de su hermano Antonio, al que más tarde llamó Soledades, galerías, otros poemas. Se trata de una obra mucho más intimista y llena de expresiones misteriosas, centrada en describir las "galerías" o recovecos del alma a través de símbolos como paisajes, jardines, fuentes...
Manuel Machado realiza en su soneto "Felipe IV" una descripción supuestamente parnasiana de un cuadro de Velázquez. Sin embargo, no se trata de una simple búsqueda de la belleza del cuadro, sino de usar la imagen del rey pálido, débil y enfermizo como símbolo del espíritu decadentista de la época, tan extendido entre la juventud.

Nadie más cortesano ni pulido
que nuestro Rey Felipe, que Dios guarde,
siempre de negro hasta los pies vestido.
Es pálida su tez como la tarde,
cansado el oro de su pelo undoso,
y de sus ojos, el azul, cobarde.
Sobre su augusto pecho generoso,
ni joyeles perturban ni cadenas
el negro terciopelo silencioso.
Y, en vez de cetro real, sostiene apenas
con desmayo galán un guante de ante
la blanca mano de azuladas venas.



Su hermano menor, Antonio Machado, realiza en este poema una descripción de una plaza con naranjos por la que pasan niños riendo. El propósito del poema no es representar la escena objetivamente como en el Parnasianismo o el Realismo, sino todo lo contrario: usar la escena como símbolo de la nostalgia por la infancia perdida y el paso del tiempo.

La plaza y los naranjos encendidos
con sus frutas redondas y risueñas.
    Tumulto de pequeños colegiales
que, al salir en desorden de la escuela,
llenan el aire de la plaza en sombra
con la algazara de sus voces nuevas.
    ¡Alegría infantil en los rincones
de las ciudades muertas!...
    ¡Y algo nuestro de ayer, que todavía
vemos vagar por estas calles viejas!
Juan Ramón Jiménez, al que estudiaremos como poeta posmodernista, empieza a escribir muy joven obras simbolistas en las que expresa sus angustias de adolescente, el miedo a crecer y el deseo de volver a la naturaleza en libros como Arias tristes, Jardines lejanos y Pastorales. Más tarde su obra seguirá siendo simbolista, aunque ahora escribirá sobre la búsqueda del amor y la belleza supremos en libros como Elegías o La soledad sonora. 

Juan Ramón Jiménez con 18 años.
Vamos a comparar dos poemas de Juan Ramón. En el primero se observan claramente la el carácter depresivo del poeta y sus ansias de fundirse con la naturaleza. En el segundo, perteneciente a su siguiente etapa, la tristeza sigue ahí pero queda superada por el deseo de hallar la belleza en todo lo que le rodea.

Entre el velo de la Lluvia
que pone gris el paisaje,
pasan las vacas, volviendo
de la dulzura del valle.
Las tristes esquilas sueñan
alejadas, y la tarde
va cayendo tristemente
sin estrellas ni cantares.
La campiña se ha quedado
fría y sola con sus árboles;
por las perdidas veredas
hoy no volverá ya nadie.
Voy a cerrar mi ventana
porque si pierdo en el valle
mi corazón, quizás quiera
morirse con el paisaje.

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Viene una esencia triste de jazmines con luna
y el llanto de una música romántica y lejana...
De las estrellas baja, dolientemente, una
brisa con los colores nuevos de la mañana...
Espectral, amarillo, doloroso y fragante,
por la niebla de la avenida voy perdido,
mustio de la armonía, roto de lo distante,
muerto entre rosales pálidos del olvido...
Y aún la luna platea las frondas de tibieza
cuando ya el día rosa viene por los jardines,
anegando en sus lumbres esta vaga tristeza
con música, con llanto, con brisa y con jazmines.

 Mientras tanto, en Argentina encontramos a Leopoldo Lugones, que en Los crepúsculos del jardín recoge poemas simbolistas llenos de matices sensoriales y colorido que expresan la melancolía del poeta. En Uruguay, Julio Herrera y Reissig escribe una poesía misteriosa e irracionalista, oscura, con símbolos tan difícile de comprender que a veces parece acercarse a la Vanguardia. En Perú, Ricardo Jaimes Freyre lleva a cabo una importantísima renovación de la métrica y llega a usar incluso versos libres en sus poemas, llenos de referencias a la mitología nórdica que había puesto de moda la ópera de Wagner.

Leopoldo Lugones, simbolista argentino.
 
Julio Herrera y Reissig, simbolista uruguayo.
Ricardo Jaimes Freyre, simbolista peruano.


 

lunes, 18 de enero de 2016

La lírica modernista hispánica (II): La poesía parnasiana.

Los primeros poetas modernistas españoles, con un pie aún en la poesía realista (son seguidores de Bécquer) y otro en el nuevo movimiento literario, son Manuel Reina, Ricardo Gil y Salvador Rueda. Estos tres escritores se caracterizan por ser los primeros en renovar completamente la métrica, llenando sus poemas de sorprendentes efectos sonoros (estrofas nuevas, rimas originales, juegos de sonidos...). También aparecen en sus poemas por primera vez temas típicamente modernistas, como la exaltación de la idea de la belleza, la recreación del mundo antiguo o de mundos exóticos, escenas y personajes propios de la bohemia... 
Manuel Reina , Poetas Andaluces en www.poetasandaluces.com
Manuel Reina
Ricardo Gil en una ilustración de la prensa de la época.

Este soneto de Salvador Rueda forma parte de una serie de sonetos llamada "La bacanal". Aquí, en lugar de describir el mundo andaluz, Rueda evoca una decadente fiesta de la antigua Roma sin escatimar en adjetivos y alusiones sensoriales.
Está de fiesta la triunfante Roma;
desierto y mudo su elocuente Foro;
con estallar de estrépito sonoro
la delirante bacanal asoma.

No importa que minando la carcoma
esté su base de sillares de oro,
ni que entre mares de imborrable lloro
caiga como la impúdica Sodoma.

El festival con su esplendor la baña,
y sus noches magnificas recrea,
y con báquicos bailes le acompaña.

Y Roma, entre el festín que la rodea,
vacila como tronco en la montaña
que, antes de herirlo, el viento bambolea.

Mientras tanto, en Cuba, Julián del Casal escribe varios libros inspirándose en los parnasianos y decadentistas franceses, compuestos por poemas sobre mundos exóticos y civilizaciones antiguas: Versalles, la Italia renacentista, Venecia... Es una poesía musical, colorista, lujosa, que expresa el desprecio por la vulgaridad de la sociedad burguesa. A estos temas se añaden otros temas decadentistas, como el de las drogas, el sadismo y el satanismo. 
El cubano Julián del Casal, fallecido a los 30 años.
Este soneto en versos alejandrinos, titulado "Mis amores", es una declaración de intenciones: Julián del Casal confiesa su fascinación por la belleza suprema que hay en los objetos de lujo, tema frecuente en todo el Parnasianismo. 
Amo el bronce, el cristal, las porcelanas,
las vidrieras de múltiples colores,
los tapices pintados de oro y flores
y las brillantes lunas venecianas.

Amo también las bellas castellanas,
la canción de los viejos trovadores,
los árabes corceles voladores,
las flébiles baladas alemanas,

El rico piano de marfil sonoro,
el sonido del cuerno en la espesura,
del pebetero la fragante esencia,

y el lecho de marfil, sándalo y oro,
en que deja la virgen hermosura
la ensangrentada flor de su inocencia.
 Sin embargo, la gran revolución en la lírica modernista hispánica es protagonizada por el poeta de Nicaragua Rubén Darío. Su libro Prosas profanas es el primero con el que triunfa el Parnasianismo. En él crea un mundo lleno irreal lleno de marquesas, sonoridades, semidioses griegos y figuras exóticas de civilizaciones orientales. También existen temas medievales inspirados en el Prerrafaelismo. 
Estudiaremos detenidamente a Rubén Darío en la próxima clase.
Ya entrado el siglo XX, el Parnasianismo apenas caló en España. Solamente hubo un poeta español totalmente parnasiano: Antonio de Zayas, que describió lujosamente objetos artísticos en libros como Joyeles bizantinos y Retratos antiguos. El resto de poetas, como Manuel Machado en su libro Apolo, recurre a menudo a descripciones del tipo parnasiano, pero con una intención simbolista: los objetos descritos son símbolos de estados de ánimo del poeta. 
Antonio de Zayas.

La lírica modernista hispánica (I): La poesía regionalista.

Los primeros poetas españoles que pueden considerarse dentro del nuevo movimiento del Modernismo se dedicaron a escribir poemas en los que se refleja claramente la vuelta a la naturaleza, al mundo rural y a la cultura regional, la cual describen con el lujo de las técnicas parnasianas.
Salvador Rueda
Un ejemplo de esta tendencia es el poeta malagueño Salvador Rueda, cuyo estilo ha sido llamado "colorista" por su tendencia a describir las realidades de la cultura andaluza de forma brillante y llamativa, aludiendo con abundancia a las percepciones sensoriales (colores, sonidos, aromas, texturas) del mismo modo que hacían los parnasianos. También se caracteriza por expresar en sus poemas una actitud de entusiasmo por la Naturaleza, a la cual identifica con la Divinidad, y por un intenso erotismo.

Fíjate en el siguiente soneto de Salvador Rueda, titulado "Hora de fuego". El mar de Málaga es descrito con todo lujo de percepciones sensoriales para llegar a la belleza suprema a la que aspiraban los parnasianos.

 Quietud, pereza, languidez, sosiego...
un sol desencajado el suelo dora,
y a su valiente luz deslumbradora
que le ha dejado fascinado y ciego.

El mar latino, y andaluz, y griego,
suspira dejos de cadencia mora,
y la jarra gentil que perlas llora
se columpia en la siesta de oro y fuego.

Al rojo blanco la ciudad llamea;
ni una brisa los árboles cimbrea,
arrancándoles lentas melodías.

Y sobre el tono de ascuas del ambiente,
frescas cubren su carmín rïente
en sus rasgadas bocas las sandías.

En Cuba, José Martí refleja en Versos sencillos los sentimientos del poeta en contacto con la naturaleza, frente al mundo engañoso y artificial de la civilización. Se trata, como dice el título del libro, de poemas con un estilo muy simple, basados en la sencillez de los cantos del pueblo cubano y alejados por tanto de la sofisticación de los parnasianos:

El cubano José Martí.
Yo soy un hombre sincero 
De donde crece la palma, 
Y antes de morirme quiero 
Echar mis versos del alma. 

Yo vengo de todas partes, 
Y hacia todas partes voy: 
Arte soy entre las artes, 
En los montes, monte soy. 

Yo sé los nombres extraños 
De las yerbas y las flores, 
Y de mortales engaños, 
Y de sublimes dolores. 

Yo he visto en la noche oscura 
Llover sobre mi cabeza 
Los rayos de lumbre pura 
De la divina belleza. 

Alas nacer vi en los hombros 
De las mujeres hermosas: 
Y salir de los escombros 
Volando las mariposas. 

He visto vivir a un hombre 
Con el puñal al costado, 
Sin decir jamás el nombre 
De aquella que lo ha matado. 

Rápida, como un reflejo, 
Dos veces vi el alma, dos: 
Cuando murió el pobre viejo, 
Cuando ella me dijo adiós. 

Temblé una vez, —en la reja, 
A la entrada de la viña— 
Cuando la bárbara abeja 
Picó en la frente a mi niña. 

Gocé una vez, de tal suerte 
Que gocé cual nunca: —cuando 
La sentencia de mi muerte 
Leyó el alcaide llorando. 

Oigo un suspiro, a través 
De las tierras y la mar, 
Y no es un suspiro, —es 
Que mi hijo va a despertar. 

Si dicen que del joyero 
Tome la joya mejor, 
Tomo a un amigo sincero 
Y pongo a un lado el amor. 

Yo he visto al águila herida 
Volar al azul sereno, 
Y morir en su guarida 
La víbora del veneno. 

Yo sé bien que cuando el mundo 
Cede, lívido, al descanso, 
Sobre el silencio profundo 
Murmura el arroyo manso. 

Yo he puesto la mano osada, 
De horror y júbilo yerta, 
Sobre la estrella apagada 
Que cayó frente a mi puerta. 

Oculto en mi pecho bravo 
La pena que me lo hiere: 
El hijo de un pueblo esclavo 
Vive por él, calla y muere. 

Todo es hermoso y constante, 
Todo es música y razón, 
Y todo, como el diamante, 
Antes que luz es carbón. 

Yo sé que al necio se entierra 
Con gran lujo y con gran llanto,— 
Y que no hay fruta en la tierra 
Como la del camposanto. 

Callo, y entiendo, y me quito 
La pompa del rimador: 
Cuelgo de un árbol marchito 
Mi muceta de doctor.

Más cercana al estilo de José Martí se encuentra la poesía regional de autores como el murciano Vicente Medina (Aires murcianos) y el extremeño de adopción José María Gabriel y Galán (Extremeñas). Ambos funden lo lírico con la narración y lo dramático, creando poemas más parecidos a monólogos en los que personajes del pueblo llano cuentan sus problemas, normalmente relacionados con la pobreza y el atraso de su región. 

José María Gabriel y Galán, nacido en Salamanca pero cacereño de adopción.

Vicente Medina.
Por último, en Andalucía se da otra vertiente de la poesía regionalista que consiste no en reflexionar sobre la situación de la región como pasa en Extremadura o Murcia, sino en aspectos de su cultura, como la música flamenca. Manuel Machado será el poeta más importante, al adaptar el cante flamenco al mundo de la poesía simbolista en su libro Cante hondo. 
Manuel Machado de joven.
En este poema, precisamente titulado "Cante hondo", Manuel Machado habla de los distintos subgéneros del flamenco utilizando la misma métrica en la que se componen estos cantes populares:

A todos nos han cantado
en una noche de juerga
coplas que nos han matado...

Corazón, calla tu pena;
a todos nos han cantado
en una noche de juerga.

Malagueñas, soleares
y seguiriyas gitanas...
Historias de mis pesares
y de tus horitas malas.

Malagueñas, soleares
y seguiriyas gitanas...

Es el saber popular,
que encierra todo el saber:
que es saber sufrir, amar,
morirse y aborrecer.

Es el saber popular,
que encierra todo el saber.